Este
campeonato, que se realizará en los
hermosos estadios en Estado Unidos de América, servirá de instrumento para
medir la situación actual del fútbol peruano en su dimensión de selección. ¿Se
está avanzando? ¿Se ha estancado respecto a otras selecciones de América? ¿Se
sigue retrocediendo? Este campeonato de todo el continente americano, lo dirá
claramente; cuando en el horizonte difusa está la clasificación para el
mundial.
Perú, no es
el único país que produce jugadores de categoría universal, como los Paolos,
Claudios, Farfanes; otros países de mayor nivel, con prosapia, aristocracia futbolística como Brasil,
Argentina, Uruguay, en Sudamérica, los producen en mayores cantidades.
Pero más
allá de las frías realidades científicas, cerebrales; cada ciudadano, en las
competencias apuesta por su equipo, pasando muy por el alto esas realidades,
dejándolas de lado, cuando ya en la sangre está la pasión; porque las
competencias generan sentimientos, pasiones; ya no es cerebral, ya no es cosa
del frío razonamiento que es el que menos se equivoca; son sensaciones en el
corazón, en el hígado; aplaudiendo a los jugadores, entrenadores; o
reventándolos con durísimas críticas; olvidados de la realidad de las cosas.
El fútbol de
competencia—la máxima cuando es de selecciones del mundo—, es un espectáculo
especial en las culturas de los diferentes países; es de multitudes; rompe las
clases sociales, porque el sentimiento no tiene color, clase social, estado
material; cuando una nación toda tiene la misma camiseta; bajo ella vibran los mismos
sentimientos por los éxitos o fracasos pasajeros de los muchachos que en el
verdor de un campo, natural o artificial, se les ve poner talento y enjundia
por ser digno representantes de su país.
En este
marco, no es suficiente el talento para este deporte; se puede aceptar la
derrota cuando es con dignidad de verlos luchando por triunfar; pero cómo se
grita con euforia, sin frenos, los goles y mejor los triunfos. Suerte muchachos
de la blanquiroja.
Ω


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