Cuando la
cualidad y la calidad son las mismas, lo que define como superior, es la
cantidad.
¿Cuántos “buenos
jugadores” debe tener un equipo para imponerse a otro? ¿Basta la excepcional
calidad de uno sólo? En el último mundial de fútbol se pudo observar claramente
que el buen equipo de Portugal no pudo ir muy lejos, aun con la gran calidad de
su estrella actual; si este equipo hubiera tenido tres o más como él; otro
resultado se hubiera dado. Pero no fue así.
Generalmente
los países con numerosa población, pueden producir más estrellas que los de
pocos habitantes; simplemente porque el talento se da en un mismo porcentaje en
las sociedades.
Por ello, sucede en los campeonatos escolares,
que los colegios con miles de estudiantes, aporrean a los de unos cuantos
cientos; porque de acuerdo a ese porcentaje natural, los grandes colegios
pueden formar mejores equipos.
Luego que
hacer en esta supuesta o cercana a la verdad hipótesis: simplemente, en lo
personal dar todo de sí y tratar de complementarse con los compañeros que no
son tan talentosos porque la madre naturaleza, con sus genes y eso, no ha sido generosa,
más bien hasta discriminatoria…
Más el mundo
está hecho con leyes que buscan el equilibrio; tarde o temprano. Qué sucedería
si todos los jugadores fueran del mismo nivel o calidad; tal vez todos los
resultados serían de empates; hasta en los penales—y no sería elegante resolver
los resultados con decisiones de la suerte. Por eso, sino fuera que hay equipos
con jugadores no talentosos, o calificados de dos o una estrella, mientras los
semidioses del fútbol, ostentan las de cinco; si no fuera así, no existirían
los gritos del gol, las “huachas” u otras jugadas que hacen delirar a los
consumidores, a los que ponen dineros en los bolsillos de jugadores, directores
técnicos, dirigentes, Estado, y hasta en los periodistas que narran o analizan.
¿Qué sería
el plátano sin su cáscara; igual para los huevos? El mundo es y debería ser
siempre de complementos, sin vanidades.
Ω

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