Se piensa con el cerebro,
que la mayoría de humanos sienten más con las vísceras que con el cerebro. Ama
con el corazón; es piadoso cuando se guía por él. Odia, es envidioso, es
perverso, cruel, descontrolado, destructor con el hígado. Hasta prácticamente “piensan”
muchos, con el estómago, con los intestinos; por eso gustan de la buena vida
gastronómicamente, saboreando sabrosos platos de tantas cocinas; bebidas
alcohólicas o no. Otros ven la vida con los ojos de los artistas; llenan
estadios, coliseos, teatros en sus ratos libres para ver, oír a sus artistas
favoritos. Difícil es determinar con qué órgano deciden los que buscan los
dineros y poder en el mundo todo. Y por supuesto hay quienes se centran en los
deportes.
El cerebro, es el órgano
destinado por la naturaleza, para el pensamiento; a él se le debe confiar las
decisiones; es el que menos se equivoca. Cuando el cerebro dice no; lo probable
es que tenga razón; pero hay la voz que dice, sí, démosle otra oportunidad.
Los peruanos y peruanas,
aficionados al fútbol, saben en su mente, que hace décadas, por razones
desconocidas, el fútbol peruano, como país— ya que hay individualidades de
jugadores que están entre las estrellas mundiales—, por causas no determinadas,
yace en el nivel más bajo del difícil y prestigiado fútbol sudamericano; donde
moran potencias futbolísticas como Brasil, Argentina, Uruguay; países con
prosapia futbolística; y otros que están apenas por debajo de ellos; no así el
caso en Perú y quizás dos selecciones más.
El fútbol peruano de
actualidad, el que queda cuando los destacados emigran, no evoluciona; no
existe como responsabilidad del Estado, investigación científica de las causas
de ello; quizás no nacen jugadores talentosos en número suficiente; no hay
entrenadores, capaces de definir una escuela de fútbol. El campo del gran
problema, está abierto a la investigación; siempre y cuando se eliminen de su
buen camino las enormes rocas de la mediocridad enquistadas en las
instituciones responsables; la acequia por donde debería fluir un fútbol de
calidad está llena de yerbas malas, de basura que impide el paso de nuevos
pensamientos, nuevas gentes dirigentes.
Continuando con los competidores,
es justo considerar que no hay rival pequeño; los resultados volverán a la
realidad. Don Quijote, en sus andanzas le decía a Sancho: “No importa si no se
consigue el triunfo; lo importante es haberlo intentado”.
Ω


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